Mojar el churro

06/12/26

"“A él le hubiera gustado más el orden inverso, primero comer, luego follar, pero no pudo ser, tenía mas hambre después del polvo con Paqui, lo único que se comió fue algún pelo de coño. "

El domingo, a las doce y media, medio día, medio abrió los ojos nuestro compadre, el sol ya entraba por la ventana, tenía un hambre terrible y ganas de follar.

Quería comprar media docena de churros y dos porras en La Paquita, no estaba Paquita pero estaba su hija que está mucho mas buena, a esa hora ya no le quedaba nada, pero como es buen cliente le dijo que en un momento se los hacía ahí detrás, el ya sabía que significaba eso, en menos de medio minuto la tenía mirando a Sevilla, en el suelo, con el culo en pompa gimiendo de gusto.

A el le hubiera gustado mas el orden inverso, primero comer, luego follar, pero no pudo ser, tenía mas hambre después del polvo con Paqui, lo único que se comió fue algún pelo de coño.

De vuelta a casa, sin churros pero con la sonrisa puesta y unas medias lunas, coincidió con la arquitecta del ático. Venía sudando, con esos pantalones que se ponen ahora para correr bien ceñidos, y una camisetita blanca, como si no supiera que con los pezones grandes como galletas que tiene la cabrona no se la puede mirar a los ojos, por supuesto se dio cuenta, sus pitones saludaron al igual que el pepino recién descargado pero con ánimo de domingo.

Tenía un paquete en casa que la dejaron ayer cuando el no estaba, subió y le dijo que se tomara un café mientras se duchaba. El auditor lo intentó, pero no pudo, al poquito de oír el agua correr, se metió en la ducha con ella y la puso fina a pollazos, la frotó bien las tetas que eran enormes, en seguida la orientó de espaldas a él, para hacerle los melones mientras la enristraba con nuevas fuerzas por ese felpudo calentito y sabroso con su pollarda cachonda y potente.

Tras las posturitas y el desbarajuste inicial, vino la merecida mamada, mucho mas pausada, prolongada y enormemente placentera, y al final los clásicos fuegos artificiales de sabo, a pesar de la corrida anterior, esta también se llevó lo suyo, la guarra volvió a la ducha a lavarse un poco.

Fue una dulce mañana de domingo, se piró a comer que se hacía tarde ya a estas horas, y con la tontería todavía no había probado bocado y luego echó la partidita de mus con los colegas el físico, el abogado y el periodista.

El cachondo si que sabe como pasarse los domingos por la mañana!

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